martes, marzo 01, 2011

De cómo la reina de Agustinia reclamó su trono. El mundo se volvió más hermoso.

Habíamos dejado el relato en los vómitos y mareos de la hermosa niña que se había unido al centauro metamorfoseado en hombre.

Inicialmente se produjo un malestar que no llamó mucho la atención, era un pequeño dolor de panza que no tenía nada de particular, pero hizo que la niña en cuestión se quedara en casa. A la tardecita se presentaron vómitos y el joven centauro dejó sus actividades para cuidarla. La sospecha de lo que podía estar ocurriendo estaba presente en ambos, pero tuvieron que esperar hasta que un pequeño examen confirmara sus anhelos: había una pequeña cosita creciendo y dándole un nuevo color a sus vidas.

A partir de allí todo fueron sueños de colores para ambos; antes que nada, él le agradeció ampliamente a Zeus, Atenea y, por supuesto, a todos los demás dioses del Olimpo, pidiéndoles también su bendición para que el embarazo y el parto transcurrieran sin inconvenientes, así como todo el resto de la vida de aquella criaturita divina. Ella hizo lo mismo, pero a otra deidad.

Los primeros meses fueron una seguidilla de malestares varios que para qué les vamos a andar dando detalles ¿no?, pero luego vino la paz y la calma, el tiempo de poder sentir las primeras pataditas en la panza (del bebé, claro, no vayan a pensar que quien pateaba esa pancita era el mencionado centauro), palpar los lados duros del vientre y poder imaginar qué parte del cuerpito estaría apoyado allí, etcétera.

En medio de todo aquello llegó la confirmación: SE TRATABA DE UNA NIÑA, cuyo nombre sería Agustina Ariza Lopardi.

A partir de allí, todo tuvo un nuevo color, todo comenzó a ser color rosa.

Y finalmente llegó el día tan esperado. Nadie lo sabía, por supuesto, pero un pico de presión alta alertó a los futuros papis y tuvieron que ponerse en marcha precipitadamente, pero… esas cosas que nunca faltan ¿no? En el preciso instante en que estaban a punto de salir suena el teléfono, era mamá centauro que quería ver cómo estaba todo; obviamente no era momento de decirle: “estamos saliendo de raje para la clínica por un pico de presión alta”, porque esa sola noticia era suficiente para provocar el deceso de la futura abuela, por lo cual el centauro tuvo que manipular su sutileza para cortar la comunicación.

Pero no iba a ser tan fácil, porque allí también estaba el hermano centauro que quería saludar, así que nuevamente hubo que cortar velozmente sin llamar la atención.

Al llegar al lugar hubo otro inconveniente, en comunicación telefónica con la partera nos enteramos que, como no había camas suficientes, si nos internábamos allí la bebé tendría que ser trasladada a otro sanatorio. Antes de que empezara a romper absolutamente todo, me informaron que cerca había otro sanatorio donde no habría problema. Fuimos a toda velocidad y nos comentaron que con esa presión se practicaría una cesárea en menos de dos horas.

El resto es historia conocida.