miércoles, febrero 20, 2008

La Odisea. Canto XVIII.

Llega al palacio real de Ítaca un mendigo conocido por todos los presentes, es conocido bajo el sobrenombre de Iro y todos los galanes estaban habituados a utilizarlo para enviar mensajes y mandados. Vio Iro a Odiseo, metamorfoseado en un anciano por la ojizarca Atenea, y temió que le quitara su porción de limosna, por lo cual comenzó a insultarlo y a querer echarlo fuera de allí, pero Odiseo no prestó atención a esas palabras y recomendó prudencia a Iro, no fuera que esas palabras enojaran su ánimo y le pesara mucho el castigo. Divertidos ante este espectáculo, los galanes alentaron a los mendigos y Antinoo ofreció la mejor porción de carne al que resultara victorioso. No pudiendo negarse a trabar combate, Odiseo descubrió su torso y todos comprendieron que Iro no tenía posibilidad de vencer. Odiseo eligió no matarlo, ya que esto podría despertar sospechas. Con un solo golpe, el rey disfrazado derribó a su rival y lo arrastró de un pie hasta fuera del palacio, donde le colocó un palo en la mano y le encargó que alejara a los perros y no volviera dentro del recinto nunca más.
Los pretendientes festejan a Odiseo por su triunfo y éste aconseja a Anfínomo, por quien sentía cariño, que abandonara esas compañías y así evitara luchar contra el rey cuando éste volviera, pero no logró convencerlo.
Penélope estaba en sus habitaciones, esperando la llegada de su amado esposo, lamentando su partida y su tardío regreso.


Con la intención de atormentar a los pretendientes con su presencia, Penélope baja a las salas para hablar con Telémaco y le recrimina haber permitido tal batalla en su hogar. El discreto Telémaco responde que sus actos están limitados por aquellos invasores que la pretenden y que, aún así, el combate no había terminado como ellos habrían querido, porque Iro había sido vencido sin derramar sangre.
Eurímaco eleva unas palabras a la belleza de Penélope, pero ella contesta tristemente que todo resabio de hermosura que pudo haber poseído había desaparecido el día que su esposo partió hacia Troya. Antinoo jura que ninguno de ellos se iría de aquel lugar ni abandonaría sus pretensiones hasta que ella no hubiera elegido nuevo marido.
Melanto, una de las esclavas de la reina y actual amante de Eurímaco, insulta a Odiseo y este le responde fieramente; luego el propio Eurímaco dirige afiladas palabras contra él a lo que el ingenioso Odiseo, fecundo en ardides, replica que aún cuando se mostraba tan altanero entre sus compañeros, Eurímaco no encontraría puerta lo suficientemente grande para escapar corriendo cuando el dueño de esos aposentos se hiciera presente.
La sola imagen de Odiseo en Ítaca transformó el rostro de los pretendientes en una mueca de horror.


El arrogante galán se encolerizó como nunca antes, pero Telémaco intervino ordenando que no se molestara más al anciano mendigo, ante lo cual se produjeron los últimos brindis y libaciones de la noche y cada uno de los galanes volvió a su hogar.
Nuevamente hubo paz en el palacio real de Ítaca, al menos por un tiempo.

6 Comments:

Blogger El Profe said...

¿Cómo podrían llamarse "nobles" esos malvados que alentaban una lucha entre dos mendigos? Muy aleccionadora historia ésta de Odiseo —fecundo en ardídes (mucho me gusta ese calificativo)— que pone en evidencia la bondad y fortaleza de su corazón. Saludos amigo.

febrero 21, 2008 2:26 p. m.  
Blogger Centauro said...

La nobleza puede ser lograda mediante un título hereditario, con lo cual queda claro que no tiene nada que ver con méritos propios, sino con el árbol genealógico. Es por eso que ha habido tantos reyes indignos de su corona en la historia.
La verdadera nobleza es la que uno mismo genera con sus actos, y de esta estos pretendientes de Penélope no tenían ni una pizca.

febrero 21, 2008 10:46 p. m.  
Blogger El Profe said...

Mi estimado centauro —sin ánimo de polemizar— debo decirle que una de las primeras acepciones de la palabra "noble" es ilustre,principal, aún excelente y también generoso. El hecho de que personas en eminencia hayan tenido en algún momento un comportamiento acorde y por tanto hayan merecido este calificativo no quiere decir que sea privativo de la "realeza" cuyos miembros al pensar que la nobleza es un derecho y no una cualidad, se envilecieron. Saludos.

febrero 22, 2008 2:21 p. m.  
Blogger Centauro said...

Imposible polemizar si ambos decimos lo mismo, la verdadera nobleza depende de actos de cada uno, ser llamado "noble" por un título hereditario es un privilegio que algunos se dan, pero les queda grande e inmerecido si no lo ganan con sus méritos.

febrero 22, 2008 4:53 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Centauro, yo tenia animos de polemizar pero no se me ocurre nada que decir. Esto se esta alargando demasiado, no aguanto mas quiero la venganza de Odiseo.
Ya se me ocurrio como polemizar, los nobles somos nobles porque sangre azul corre por nuestras venas (aunque hayamos ganado nuestro titulo mediante ardídes). Eso de ganarla con méritos es pura envidia.

Sir Paul K Peyronel

febrero 25, 2008 12:16 p. m.  
Blogger Centauro said...

Polemice, Peyronel, que es bueno para la salud.
Si la nobleza es como la de los galanes entonces es mejor perderla que encontrarla y no falta mucho para que Odiseo les demuestre que tengo razón en esto que digo. Pero así como se vengará de los indignos, también encontrará aliados, que aunque pocos, serán lós más valiosos.

febrero 26, 2008 8:34 a. m.  

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