Sean todos nuevamente bienvenidos al torneo más espectacular de todos los tiempos, el más divertido, interesante, solicitado y requerido por toda la familia, “Perfiles Griegos 2, ahora robamos con los héroes”.
Bueno, quizá haya alguna pequeña exageración en mis palabras, pero nada demasiado grande.
El personaje que hoy nos reúne es Ayax (a veces llamado Ayante), uno de los más importantes guerreros griegos que atacaron Troya.
Vale hacer una aclaración, porque en la historia griega hay dos personajes con este nombre, uno era conocido como “el menor” o “el pequeño” y el otro era referido como “el grande” o “el mayor”; en este caso se hablará del grandote, limitando la historia del otro a simplemente decir que mereció morir como murió por la ofensa que había hecho contra la maravillosa Atenea, al violar a una de sus sacerdotisas sobre un altar de la ojizarca cuando se estaba realizando el saqueo de Troya.
Como ocurre con muchos de los personajes importantes de la antigua Grecia, a este héroe se lo llamaba también por un derivado del nombre de su padre, por lo que se lo llamaba Ayax Telamonio, ya que su padre se llamaba Telamón.
Esta es una escultura hecha en su honor:
En uno de los primeros pasajes de la Ilíada se cuenta que decidieron poner fin al combate decidiendo la guerra a la manera antigua, el mejor de un bando contra el mejor del otro, por parte de los troyanos se presentó Héctor y por parte de los griegos tomó las armas Ayax. El combate fue tremendo y muchas veces estuvieron ambos a punto de acabar con la vida del rival, pero tuvieron que suspender el enfrentamiento por la caída de la oscuridad, la cual decretó que luego de todo un día de lucha cada uno regresara con sus hombres sin haber un vencedor o un vencido. El respeto mutuo los llevó a intercambiar presentes que resultaron ser funestos, Héctor le obsequió una espada en reconocimiento de su valor y su fuerza (ya veremos por qué lo de “presente funesto”) y Ayax le entregó un tahalí de púrpura (que luego Aquiles utilizaría para atarlo a su carro cuando lo mató y arrastrarlo hasta las naves griegas).
El resultado del combate no es extraño, porque a pesar de que Héctor era claramente lo mejor que la ciudad podía ofrecer, Ayax era conocido por su gran tamaño y su gigantesca fuerza, motivos por lo cual se lo conocía como segundo solo detrás de Aquiles, lo cual no es decir poco. Acompañado por su formidable escudo, Ayax era rival de temer para cualquiera, como lo vemos en la imagen haciendo huir a los enemigos:

Según los relatos de Homero, Ayax no recibió ayuda de ninguno de los dioses durante la batalla y, aún así, no recibió ningún tipo de heridas durante los diez años que duró la misma.
Cuando Aquiles fue muerto por una flecha de París, Ulises y Ayax lucharon contra los troyanos para recuperar el cuerpo y enterrarlo junto con el de Patroclo. Ayax llevó el cadáver.

Ulises y Ayax tuvieron una disputa para ver quién se quedaba con la armadura del Pélida, la cual había sido fabricada nada más ni nada menos que por Hefesto.
Finalmente fue el rey de Ítaca quien conservó las vestiduras por decisión de Agamenón, jefe de la fuerzas aqueas y eso hizo que Ayax se volviera loco de furia. Sófocles cuenta la historia de Ayax, diciendo que llevado por Atenea, defensora de Ulises y los átridas (Menelao y Agamenón, hijos de Atreo), confundió a un grupo de ovejas con los jefes del ejército griego y asesinó a todos los animales para vengarse de lo que él consideraba una ofensa. Cuando recuperó el juicio observó lo que había hecho y se llenó de vergüenza y humillación y decidió quitarse la vida con la espada que Héctor le había dado.
Los dejo con las palabras del propio Ayax:
“El homicida hierro está muy bien para cortar. Regalo es de Héctor, el hombre más aborrecido por mí de todos los enemigos, y el que más odio me inspiraba al verle. Clavado estuvo en la enemiga tierra de Troya, recién afilado con la piedra que aguza el hierro. Y yo lo he hincado bien, disponiéndolo del modo que más me conviene para morir pronto. Así todo lo tengo bien preparado. No falta sino que tú ¡oh Zeus!, como es natural, me asistas el primero. Te pido no alcanzar larga senectud. Envía por mí un mensajero que lleve a Teucro la mala nueva, para que sea él el primero que me levante al caer atravesado por esta espada, recién teñida en mi sangre; no sea que visto antes por alguno de mis enemigos, me arroje, exponiéndome como pasto, a los perros y a las carnívoras aves.”